La vergüenza de las chicas de AS

Sandra Fernández

Desde su fundación en 1967, el diario AS dedica la contraportada del día a una mujer relacionada con el mundo de deporte. En este caso, las imágenes se explican por sí solas:

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Podría resultar hasta comprensible que a mediados del siglo pasado este tipo de contenidos fuesen aceptados y considerados normales. Pero, ¿ahora? Por supuesto, el diario no es ninguna excepción; de hecho, gran parte de la prensa deportiva tiene ya como costumbre resaltar las hazañas de los deportistas varones mientras objetivizan a sus compañeras de trabajo. Carolina es una niña que admira a Nadal. Y no a Rafa, claro, porque hasta para nombrar a las deportistas por su nombre de pila y a los varones por su apellido se marca la jerarquía de importancia.

Ahora bien; por supuesto que el machismo en las secciones de deportes no suponen una excepción, pero como periodistas tenemos la obligación de dejar de normalizar este tipo de comportamientos. En el mundo deportivo, donde el techo de cristal está más o menos a la altura del suelo, acaba por ser vital que las mujeres dejen de aparecer en las páginas como cosas bonitas a las que mirar.

Es también necesario dejar de culpar a la víctima y excusar al que discrimina. Los comentarios sobre la belleza exótica de tal deportista, sobran. Aunque esa belleza efectivamente exista y pueda en efecto ser considerada exótica. Sobra. Porque mientras los titulares de atletas femeninas hablan de su cuerpo o de sus manías, los que hablan de los varones explican el número de records mundiales que ostentan. Y toda esta discriminación comienza con comentarios tan sutiles, tan difíciles de diferenciar como machistas o  como simples halagos, que la labor del periodista debería arrancarlos todos de raíz. Así no habría excusa ante ejemplos tan claramente machistas como esta sección del AS, que se contradice con artículos tan sorprendentes como éste:

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Ese “miren, el machismo es una cosa muy mala pero aquí le dejamos al bellezón del día”. Insisto que en este caso el debate ético es indiscutible. No es ético. No lo fue nunca y seguirá sin serlo. Por eso resulta cada vez más necesario educar a las nuevas generaciones de periodistas en las pautas básicas del feminismo y la igualdad social. Porque las chicas del AS son suyas y de nadie más.

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