¿Existe el derecho a la intimidad en la vía pública?

Beatriz Dávila

Hace unos días en uno de nuestros últimos post – Sobre el Derecho a la intimidad, a la vida personal y familiar– nos preguntábamos dónde se encontraba el límite de los medios de comunicación en cuanto a la vulneración de los derechos a la intimidad, a la vida personal y familiar.

En este post poníamos ejemplos de personajes públicos en el ámbito de su vida privada, señalando si de verdad era necesario o resultaba un hecho informativo para la sociedad saber qué es lo que hacen en su día a día –si van a hacer la compra a un supermercado y compran unos u otros productos, si visitan algún lugar con sus familias, si han cambiado su apariencia, etcétera-, y llegábamos a la conclusión que los medios han de centrarse únicamente en los hechos informativos, aquellos no superfluos y que por tanto deberían ocupar el primer lugar en la lista de intereses de la sociedad.

Puede considerarse que esas informaciones que atribuidas con el adjetivo de “superfluas”, y que colman las portadas de muchas webs como marca.es o las primeras páginas de revistas como Hola, se puede no menos que llegar a la conclusión que si estas mismas están en ese lugar se debe a que el lector, la sociedad actual, lo exige; suponen actos, hechos o acontecimientos que forman parte de sus intereses y por cuyas informaciones pagan, y puesto que realizan esta acción y son trascendentales para ellos, se encuentran en tal lugar.

Muchas de esas informaciones versan sobre celebridades, ciudadanos de a pie que se hacen virales, personas que llevan vidas como las de cualquier otra, que tienen un trabajo mejor o peor con el que se ganan la vida, que con familias acuden al supermercado a hacer la compra, al cine o a una fiesta de cumpleaños; y es en estos casos donde también nos preguntamos si es necesario que, en la vía pública, existe o no el derecho a la intimidad de esas personas, si de verdad se respetan sus derechos.

La prensa debería en muchas ocasiones centrarse en lo verdaderamente importante, dejar de rendirse a esos intereses impuros de los ciudadanos, alejándose de la contribución a la creación de masas adocenadas que debemos considerar como sociedad, incapaces de poder a hablar de hechos de actualidad puesto que sus principales intereses no abarcan más que el conocimiento de la vida personal  de los personajes públicos del momento.

¿Existe pues el derecho a la intimidad de los personajes públicos en la vía pública cuando, tal y como hemos visto, las informaciones que sobre ellos se digan responden a los intereses de la sociedad?

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