El peligro de saber hacerlo todo

Sandra Fernández  |  Fotografía: Pixabay

Es cada vez más común emplear el concepto del “periodista todoterreno” para describir a la nueva generación de profesionales que, para hacerse un hueco en el cada vez más competitivo ámbito laboral, apuestan por formarse en todas las ramas posibles de conocimiento. A día de hoy, se supone, un buen periodista no debe conformarse con escribir bien, sino que debe ser capaz de editar una pieza de audio o vídeo que complete su información y redactarlo según las técnicas SEO para su inclusión en la web. Lejos quedan, ahora, los periodistas de despacho fijo y cenicero desbordante, las jornadas fijas en la oficina avivados con vasos de café. Hoy, los periodistas se mueven, cambian de un medio a otro, amplían su formación constantemente y realizan la labor de redactor, editor de vídeo, fotógrafo y maquetador en una misma tarde. Aquí, por supuesto, surge el debate: ¿puede resquebrajarse la labor de un periodista al que se le exija saber un poco de todo? ¿Es mejor contar con un profesional capaz de realizar una labor en concreto con mayor efectividad?

El problema de vivir en una sociedad llena de herramientas y fuentes informativas es que un periodista necesita, para destacar, ser capaz de manejarse en los distintos ámbitos dentro de la nueva comunicación multimedia. El redactor ya no sólo escribe. Ahora tiene proponer fotos, pensar en su difusión en la página web, elaborar un vídeo que destaque su pieza, compaginar el periodismo de datos con un estilo de redacción perfecto y una calidad fotográfica sublime. Y no se acaba aquí. La labor del periodista no acaba cuando sale de la redacción. Necesita proponer temas interesantes a su jefe, realizar las llamadas que no le ha dado tiempo a hacer en sus horas de trabajo, pagar ese café al sindicalista que te ayudará con esa pieza tan importante. Tiene que estar actualizado, por supuesto. Y formarse cada día. Leer, leer mucho y de todo. Aprender cada día alguna cosa nuevas.

Un fantástico redactor puede irse a pique si no maneja el Sony Vegas. De poco le sirve ser un experto en reportajes culturales si no es capaz de elaborar un análisis económicos. Porque tiene que saber de todo, claro, que los tiempos han cambiado. Ahora los medios apuestan por plantillas más pequeñas con redactores-robots que sirvan tanto de politólogos como de comentaristas de partidos. Esto, se supone, es lo que se exige a los nuevos estudiantes de periodismo. Moverte en cualquier sección y en cualquier formato. ¿Pero es sostenible ser un periodista todoterreno?

El problema es éste: en muchas ocasiones, se publican informaciones incompletas o mal documentadas porque el periodista está realizan cuatro piezas a la vez. Al tener que escribir para cualquier sección, un redactor, como persona humana, no puede ser experto en deportes y en cultura, no puede manejar todos los datos y todos los conceptos para cualquier tipo de información. La competitividad laboral en la actualidad hace, además, que los trabajadores tengan que entregar hasta una decena de piezas al día. Y las cuentas no salen. La ingente cantidad de trabajo al que se enfrenta un periodista medio acaba, irremediablemente, por afectar a la calidad del mismo. Las redacciones cada vez más pequeñas tienen que abarcar, a su vez, un mayor espectro de contenidos para satisfacer las ansias informativas de una sociedad cada vez más global. Menos gente, más trabajo. Es inevitable que el resultado sea, a veces, decepcionante.

Por supuesto, cualquier estudiante de periodismo con dedos de frente intentará aprender a manejarse en cualquier medio y bajo cualquier temática. Pero eso no debe servir de excusa a las empresas de medios de comunicación -por otro lado, cada vez más centradas en elaborar un producto llamativo que de calidad- para rechazar, frontalmente, cualquier tipo de especialización periodística. Como empresa, su objetivo principal será, siempre, ganar dinero. Por lo tanto, resultaría comprensible que un director apostase por reducir su plantilla y colocar a redactores que sepan hacer de todo. Las consecuencias son visibles. La labor del periodista es, cada vez, más criticada. Ningún gran medio goza de la credibilidad de la que podía presumir hace años. Las cabeceras en papel se hunden, los medios digitales no saben todavía cómo ser del todo sostenibles. ¿Parece creíble culpar de esto a la falta de formación del trabajador?

El buen periodismo es todavía posible. Muchos medios -aunque no tan conocidos- trabajan a diario para publicar contenidos periodísticos elaborados y fundamentados en datos y fuentes fiables. Las publicaciones especializadas y de periodismo lento se alzan ahora contra la “última hora”, un concepto que, con la llegada de Internet, parece bastante difícil de conseguir. Los medios, para diferenciarse y volver a ganar su credibilidad, necesitan volver al contexto, a la documentación, a mimar cada tema. Es caro, al menos mucho más caro que contar con un redactor que escriba seis piezas del tirón sin tener demasiada idea. Pero los lectores se merecen algo mejor. La reputación del periodismo, también.

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